Bettinotti y Fernández

jueves, 6 de agosto de 2009

EN VENEZUELA DICEN: NO MÁS VENENOS!!!

Publicado por Laura Hernández para el Colectivo La Patilla



¿A quién venefician los agrotóxicos?

Los sistemas agrícolas imperantes responden a los intereses de grandes empresas transnacionales. Este agronegocio consiste en apropiarse de las tierras de otros- sin importar la degradación social y cultural que ello implique- para luego cultivar lo que se esté cotizando mejor en el mercado. Total, lo que importa es sacar el mejor provecho (para la empresa, no para los campesinos, los consumidores y mucho menos para la nación que están explotando) Soya transgénica en Argentina, ¿les suena?

Sin embargo, el asunto de las tierras comienza a ser un tema resuelto en la Venezuela Bolivariana.

Pero hay más. Estas grandes empresas también dominan a las naciones con los agroinsumos y su lógica agrícola hegemónica. Desde la revolución verde hasta el presente, en nuestro país y en el mundo se ha generado una matriz de opinión, incluyendo al sistema educativo y nuestros técnicos e ingenieros agrónomos, donde se considera proporcional el uso de agroquímicos con la producción de alimentos, es decir, mientras más agroquímicos, más alimentos y más beneficios para todos. Es por ello que muchos productores se encargan de llenar de herbicidas, plaguicidas y fertilizantes al terreno de cultivo, suponiendo que esto genera una mayor productividad.

El uso de plaguicidas por ejemplo, se encuentra en una trampa, un círculo vicioso. Los plaguicidas matan toda la fauna que se encuentra en el cultivo, la benéfica y la que se considera plaga. Es decir, que los controladores naturales de las plagas (esos que no cuestan ni un bolívar, que se reproducen gratuitamente en el ambiente) mueren por efecto del plaguicida. Entonces, como no hay rotación de cultivos, ya que eso ni se considera (otra trampa del paquete tecnológico), por más que se use el plaguicida la plaga reaparece y más potente, resistente al plaguicida. Entonces el productor debe ir de nuevo a la tienda para ver qué nuevo producto está en el mercado porque el que usó ya no le sirve. Y cada vez necesita unos más tóxicos y potentes.

Además de la trampa de dependencia económica tenemos los efectos a la salud y al ambiente que producen los plaguicidas. En Venezuela todavía se venden productos extremadamente tóxicos que enferman a los campesinos, no sólo con intoxicaciones por el uso directo sino efectos crónicos como la perdida de fertilidad, cáncer, etc. ¿Y las personas que consumen estos productos? Lo interesante es que una de las grandes empresas que produce agroquímicos es la Bayer ¿Será que también produce medicamentos para los efectos adversos de sus propios productos? Negocio redondo.

Muchos agrotóxicos acaban con la fauna microscópica del suelo y junto al uso intensivo del mismo termina por empobrecerse. ¿Y entonces? A comprar fertilizantes. Más dependencia.

Estamos reproduciendo burdamente la dependencia tecnológica de siempre. ¿Y entonces? ¿Comenzamos a producirlos en Venezuela?

No, porque ese agronegocio no es sustentable. Es necesario romper con los mitos de la agricultura moderna y la biotecnología. Los grandes retos que se presentan a la hora de cultivar se resuelven rompiendo con los monocultivos y toda su lógica capitalista. Los policultivos, la rotación de cultivos, el uso de controladores biológicos de plagas, fertilizantes orgánicos pueden dar respuestas, lo importante es comenzar desde ya a implementarlas, romper de una vez por todas con la lógica hegemónica del capital, de las transnacionales, de la dependencia, interna o externa.

Porque el desarrollo endógeno sustentable consiste en poder producir todo lo que necesitamos a bajo costo, con bajos insumos y cuidando al ambiente. Si todos los elementos que necesitamos para producir en el campo se encuentran en el campo ¿Por qué importarlos? ¿Para qué producirlos? ¿No es mejor usar esos recursos para cubrir otras necesidades del pueblo venezolano?

Esta lógica agrícola hegemónica además de acabar con el ambiente, la salud y generar dependencia económica de los productores también ha acabado con las tradiciones heredadas por años de cultivos. Anteriormente un productor sabía cómo controlar las plagas si el uso de químicos, sabía cómo rotar cultivos y qué cultivo puede beneficiar a otros. Todo eso se está perdiendo, ahora sólo sabemos ir a la tienda a comprar lo nuevo que viene de afuera, quedando el campesino como un simple consumidor, implementador de un paquete tecnológico importado, sin cultura y sin tradiciones.

Los agrotóxicos son una herramienta más de la globalización.


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