Bettinotti y Fernández

jueves, 23 de abril de 2009

Se legitima la soja con un mosquito

Lucía Gorricho escribió una nota sobre la acción del 15 de abril frente al congreso pro fumigaciones.

Esta mañana estuve en un escrache que se hizo en la puertas del Hotel Sheraton de Mar del Plata. Adentro estaba funcionando un congreso internacional de fumigaciones organizado por la empresa Agrofum SA con un costo para los asistentes de 500 dólares. Este congreso tiene el objetivo de perfeccionar técnicos de empresas y productores industriales para aumentar los rendimientos económicos de la actividad agrícola mediante la eliminación de plagas que perjudican la producción.

No es novedad que nuestros campos están siendo destinados a producir soja. También es sabido que el monocultivo genera agotamiento del suelo, desplazamiento de personas que son reemplazadas por la mecanización y alteración ecológica producto de los fertilizantes y plaguicidas que se incorporan masivamente con el objetivo de reemplazar lo que la naturaleza ya no puede o no quiere dar. Es más grave aún el problema porque los frutos de este circuito se miden en dólares que deja el mercado externo y no en alimentos (sólo se consume un porcentaje muy chico de la producción y el resto es exportado para alimentar ganado o para generar biocombustible y así saciar los requerimientos energéticos de los países industrializados).

Durante la década del 90 nos bombardearon en programas televisivos, revistas y propagandas oficiales con las virtudes alimenticias de la planta de la soja para justificar el cambio de modelo. Ahora necesitan legitimar el uso de productos químicos y la ventaja de los mismos. Pero ¿Qué ventajas se pueden encontrar que justifiquen usar veneno sobre los campos, animales y personas?

Yo no entendía por qué desde los medios empresariales se hablaba tanto de los casos de dengue porque siempre murieron personas producto de esta enfermedad medieval. Hay además otras enfermedades mortales también que atender. Pero hoy cuando estábamos en la calle con los carteles que decían: “Biodiversidad igual vida, agrotóxicos igual muerte” y “Basta de fumigar (nos)” frente a las cuatro por cuatro estacionadas en la puerta del Hotel, hubo mucha gente que circulaba y nos increpaba pensando que estábamos en contra de las fumigaciones por el mosquito. Algo que era tan claro, simple y serio: no pongan veneno en los campos porque es alimento y porque provoca malformaciones en las personas, se transformó en algo confuso y “antipopular”. Logran legitimar cualquier acción que necesiten para enriquecerse aún más.

Para terminar con el mosquito del dengue hay que eliminar los lugares donde se genera. Rociar veneno es una medida momentánea y por ende, poco efectiva. La fórmula es sabida pero nuestros funcionarios no están dispuestos a dar tanto: para que no haya más mosquitos no hay dejarle lugares para que se desarrollen sus huevos. Se necesita entonces que existan políticas de saneamiento, tendido de redes de cloacas y limpieza o desestructuración  de lugares abandonados públicos o privados como desarmaderos, piletas o basurales.

Cuando los insectos andan por el aire, exterminarlos en mucho más complicado y en este supuesto intento por resolver el problema rociando para las cámaras de televisión las plazas y los parques, se contamina el aire que respiramos y como consecuencia todo nuestro organismo y el medio ambiente que nos contiene.

Hay algunas cosas que podemos hacer para erradicar el modelo económico impuesto (y de paso al mosquito del dengue): denunciar activamente a los monopolios que lucran con la soja y asfixian a los productores menores, pensar en que es posible otro modelo agrario (regional, con trabajo genuino y producción de alimentos sanos) y sobre todo no consumir información de los medios masivos de comunicación porque engañan, manipulan, difunden el miedo y crean enemigos equivocados (cualquier parecido con el tema de la seguridad no es mera coincidencia).

Nuestro mal sigue siendo el hambre, la falta de cloacas, agua potable y viviendas, la concentración de la riqueza y el desprecio por la vida.  Atacando las plagas con veneno se elimina la diversidad biológica y cultural del sistema. El mosquito del dengue es el chivo expiatorio de políticas agroeconómicas responsables de muchas, muchísimas más muertes.

 

Lucía Gorricho
15 de abril de 2009

  


Nota: La actividad de denuncia fue organizada por la “Asamblea de autoconvocados Paren de fumigarnos” y contó con carteles colgados sobre los árboles y postes junto con otros exhibidos frente a los autos que frenaban por el semáforo, personas con barbijos y fotos con nenes y adultos deformados por las reacciones ante las fumigaciones en el campo, una avioneta negra hecha de cartón con el símbolo del veneno adornando la actividad, volanteada a los peatones y a los pasajeros de los colectivos, bombos y una mateada de balance y cierre.

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