Bettinotti y Fernández

jueves, 29 de enero de 2009

PANDEMONIUM


Monsanto ya domina la cadena alimentaria de Estados Unidos con sus semillas genéticamente modificadas. Ahora que su próximo objetivo es la producción de leche. La compañía también está tratando de ampliar su alcance en la comercialización de la producción de leche artificial incorporando en las vacas la hormona del crecimiento que aumenta su producción, y que está tomando medidas enérgicas para poner a los que no deseen utilizar la hormona de crecimiento en una situación de desventaja comercial.
Sus despiadadas tácticas de batallas legales en contra de los pequeños agricultores son tan aterradoras como la historia de contaminación tóxica que acarrean sus prácticas desde hace décadas.
Monsanto persigue a agricultores, cooperativas rurales, comerciantes de semillas y cualquier persona que sea sospechosa de haber infringido sus patentes de semillas genéticamente modificadas.
Monsanto desarrolló y patento las semillas transgénicas que resisten a su propio herbicida (Roundup), ofreciendo a los agricultores la opción de fumigación los campos matando a todas las malezas sin afectar los cultivos.
Los agricultores que compran semillas patentada por Monsanto Roundup Ready están obligados a firmar un acuerdo prometiendo de no guardar las semillas producidas después de cada cosecha para volver a plantarlas, o de vender las semillas a otros agricultores. Esto significa que los agricultores tienen que comprar semillas nuevas cada año. Ese incremento en las ventas, junto al combo de venta con el desmalezador Roundup generó millones para Monsanto.

Y el control de las semillas no es una abstracción. Quien provea las semillas que se plantan en el mundo controlará el abastecimiento mundial de alimentos.

el Agente Naranja

Pero quizás la esmeralda ha sido , al menos hasta que no invente algo peor, el Agente Naranja.

Esta otra creación de la compañía química es una mezcla de dos herbicidas: el 2,4-D y el 2,4,5-T, y fue utilizado como desfoliante en los bosques y los arrozales por el ejército norteamericano en la guerra de Vietnam. Por cuestiones propias del apuro militar para ponerlo en práctica en esa guerra fue producido con una deficiente purificación, presentando contenidos elevados de una dioxina cancerígena: la tetraclorodibenzodioxina, tóxico cuyo uso afectó a más de tres millones de vietnamitas e incluso a muchos soldados estadounidenses a quienes, por supuesto, no se les informó debidamente sobre lo que arrojaban desde los aviones y sobre lo que recibían los que estaban abajo.

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